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UN BUEN COMIENZO
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Por: Josefina Figueras
Vestido "movida madrileña"
Camisa origami
Chaqueta de canutillos
Gabardina escalonada
Cristina Cifuentes en la exposición
Exposición
Sala exposición
Cuando se han apagado ya las luces de las pasarelas, de las rutas fashion y de los eventos que han mantenido en ebullición a Madrid alrededor de la moda durante las últimas semanas de septiembre, destaca todavía más un acontecimiento que permanece “activo” en el mes de octubre: la exposición retrospectiva de Jesús del Pozo en la sala del Canal de Isabel ll. Y la mejor noticia es que la Dirección General de Promoción Cultural no la ha programado de forma aislada, sino como el comienzo de una serie de eventos culturales que se celebrarán todos los años por estas fechas. La moda ha sido aceptada definitivamente en España como un factor importante dentro del arte y la cultura.
La exposición muestra 50 piezas maestras del diseñador. Son aquellas que él había seleccionado de una forma especial y que nos transmiten los valores que manejaba sobre la materia, el volumen y el color. Las mantuvo siempre en su casa hasta que surgió la Fundación Jesús del Pozo que ahora las ha cedido para la exposición. 

Entre la arquitectura y la escasa iluminación, muy bien controlada, de la sala del Canal para preservar y a la vez resaltar las piezas que se exhiben, he podido admirar esta muestra que creo no debe perderse nadie que quiera conocer mejor los entresijos de la moda española. He tomado nota de una inscripción en la planta cero que recoge unas palabras del diseñador reflejando su personalidad y su constante afán de superación: “Desde que nací recuerdo haber hecho cosas con las manos, haber dibujado y pintado, recuerdo haberme educado en el arte intentando entender lo que no entendía. Esto me ha dado un poso que se refleja en mis piezas textiles”. 

En esta misma planta cero destaca en una vitrina el vestido titulado “Movida madrileña” que nos remite a una de las épocas más cruciales de Jesús del Pozo y que el protagonizó con un especial apasionamiento. Está formado por un cuerpo de algodón con aplicaciones en metal y cristal y falda de organza fruncida. 

Las cinco plantas de la exposición nos acercan a sus principales facetas, su experimentación con el color, del rosa “velazqueño” al gris antracita, su gusto por lo oriental con sus viajes exóticos, después nos enfrentamos a su proceso creativo y en la cuba que corona el edificio se hace hincapié en la transparencia del tejido para poder contemplar el gesto pictórico del diseñador. 

Esta exposición, que refleja tantas cosas de la vida y la obra de Jesús del Pozo, me han hecho recordar momentos en los que tuve la suerte de tratarle de cerca cuando participó en algunas de las actividades culturales de la Asociación Moda, Universidad y Empresa, y de conocerle en algunas de sus facetas más personales. Guardo todavía como un entrañable recuerdo el broche de plata diseñado por él mismo que me regaló en una ocasión porque en cuanto a detallista no le ganaba nadie. 

A pesar de los años que llevaba en la brecha, del Pozo nunca se acostumbró al éxito ni tampoco le tentó dejar España a pesar de que tuvo propuestas importantes para dar el gran salto a Nueva York. Pero renunció al triunfo a cualquier precio. Para él existían cosas más importantes. Uno de sus mayores placeres era lanzarse con su coche “todoterreno” los fines de semana a El Escorial a casa de sus hermanos. Decía que el campo, la sierra, le relajaban, en cambio el mar le daba miedo, no podría vivir al lado del mar… 

Tenía una rara intuición para bucear en los entresijos de la creación más pura pero no podía sustraerse a las dudas que le asaltaban a la hora de crear. Sentía a veces el “terror” del papel en blanco aunque consideraba que el mejor momento del proceso creativo es el comienzo: “Cuando pienso una prenda, cuando la imagino”. Era consciente de que lo arriesgaba todo en cada colección pero en este sentido del riesgo es donde situaba las claves de su éxito porque sus trabajos no dejaban indiferente a nadie y tocaban la fibra sensible y emocional de la gente. 

Recuerdo, durante una conferencia que pronunció en el Instituto Europeo de Diseño cuando le presenté con una entrevista cara al público, que poco antes de empezar, y en uno de sus altibajos en su estado de animo, me decía que no pensaba que interesaría lo que pudiera decir a las futuras generaciones de creadores… Pero ante sus predicciones pesimistas, el público respondió con un llenazo. Mas de 300 jóvenes estudiantes de diseño o de profesionales que empezaban su trayectoria abarrotaron la sala de conferencias del Instituto y le asaltaron a preguntas mucho más tiempo de lo previsto. El acto acabó en la euforia total.

Jesús del Pozo fue ante todo un artista y sus piezas, como demuestra esta magnífica exposición, revelan una emoción equiparable a la de los pintores y escultores. Más que un cazador de tendencias pasará a la historia de la moda como un diseñador que subió un peldaño más en esta consideración, cada vez más firme, de la moda como arte.
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