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LOS MODELOS DE MELANIA TRUMP, UNA CUESTIÓN DE ESTADO
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Por: Josefina Figueras
Melania en la toma de posesión
En la cena de gala
El día de la votación
Con un traje de Gucci
En la noche electoral
En Nochevieja
Melania Trump
Con el alma en un hilo seguimos todos los días las medidas que anuncia Donald Trump, la mayoría de las cuales (quien avisa no es traidor) figuraban ya en su programa electoral. Nos enteramos de los trámites para construir el muro fronterizo con México, las medidas contra la inmigración irregular, las investigaciones sobre el supuesto fraude electoral…Todos son incógnitas que no sabemos todavía cómo se van a despejar. Lo que sí se ha despejado ya para alivio de propios y extraños es la pregunta del millón: ¿Qué traje llevará la primera dama el día de la investidura de su marido como Presidente de la nación más poderosa del mundo?
La respuesta apareció gráficamente en todos los medios de comunicación. El traje era azul celeste, con detalles asimétricos y de un estilo muy parecido al que usó Jackie Kennedy en estas mismas circunstancias. Lo firmaba Ralph Lauren, un estupendo diseñador típicamente americano que celebra este año sus bodas de oro con la moda y que ha vestido a anteriores primeras damas, como Nancy Reagan y Betty Ford, y al que acudió también Hillary Clinton para algunos modelos de su campaña electoral. 

A pesar de que Ralph Lauren se ha caracterizado por no revelar jamás su filiación política, se ha visto involucrado en la lucha entre los diseñadores que creen que vestir a Melania se hace incompatible con su ética y sus valores y los que creen que vestir a la primera dama “es un honor”. En estos momentos la lucha se ha alargado ya con debates y estadísticas. Los últimos datos son 10 a favor y 6 en contra. Entre los primeros figuran Carolina Herrera, Diana von Furstenberg, Tommy Hilfiger… y entre los no partidarios están Tom Ford, Marc Jacobs, Derek Lam... 

En Twitter se ha criticado ampliamente que Ralph Lauren aceptara el encargo de vestir a la primer dama para su gran momento y algunos usuarios aseguran que la firma ya está sufriendo un descenso de sus ventas. Otros aplauden su “valentía” por haber diseñado el famoso traje celeste contra viento y marea. 

Si a los que se niegan a diseñar para Melania Trump –en el muy dudoso caso de que ella los eligiera- les dijeran que la están discriminando por su orientación política pondrían el grito en el cielo y dirían –y con toda razón- que son muy libres de elegir a sus clientas y que no están dispuestos a contribuir con sus diseños a ensalzar al nuevo presidente ni siquiera a través de los trajes de su mujer. Pero se da la circunstancia de que los partidarios del “no” demuestran con su actitud que su candidata favorita era Hillary Clinton cuyas políticas niegan a otros profesionales de otros campos todavía más delicados esta misma libertad para ser coherentes con sus ideas. 

Ateniéndose a unos ejemplos de casos ocurridos recientemente, el periodista Ignacio Aréchaga se hacía las siguientes preguntas en un articulo publicado en Aceprensa: ”Si Marc Jacobs no quiere que Melania Trump lleve sus modelos, ¿por qué un sastre no puede negarse a hacer un traje al novio de una boda gay? ¿Por qué un pastelero es condenado por negarse a hacer una tarta para una ceremonia de este tipo que, a su juicio desnaturaliza el matrimonio? Si unos modistos no quieren verse asociados con ideas políticas que rechazan, ¿por qué un médico objetor del aborto o de la eutanasia no va a poder mantenerse al margen de prácticas que condena?”. 

Cuando todavía el debate entre Melania sí o Melania no está en plena efervescencia empieza a asomar otro de menor calado pero que tiene su miga. Son muchos los que piensan que “la primera dama debe apoyar la moda americana como hicieron sus predecesoras”. ¿Se ajustará la Sra. Trump a estos criterios? En principio lo ha hecho con el vestido del día de la investidura pero hay otros datos que lo ponen en duda. La hemos visto ir a votar con un vestido blanco de Michael Kors y un abrigo camel de Balmain y sabemos que Dolce y Gabbana, los diseñadores italianos, casi se mueren de la emoción cuando comprobaron por las fotos de los medios que la primera dama había vestido un modelo suyo de color negro para su cena de fin de año. También es del dominio público que tiene sus armarios llenos de modelos de Dior, Gucci, Saint Laurent, etc. 

No creo que el pronóstico de la editora de moda del New York Times, Vanesse Friedman, de que “el triunfo de Trump puede marcar la relación entre la moda y el poder” llegue a producirse, pero sí pienso que las criticas y debates que han provocado han servido para profundizar en cosas tan políticamente incorrectas como el descubrimiento por parte de los diseñadores de la objeción de conciencia, la importancia que se da el look como reflejo del buen gusto y la categoría personal y cómo la moda al reclamar su pedigrí estadounidense puede ser un ingrediente de patriotismo exportable a otras latitudes.
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